viernes, 21 de octubre de 2011

¿CÓMO PREDICAR?

¿CÓMO PREDICAR?


Hoy 21 de Octubre, tendremos el 3 Encuentro de los Dominicos Seglares de Candelaria. Dos de los hermanos nuestros, presentarán dos temas el primero será a la Reflexión que ofrece Humberto de Romanis, O.P. sobre ¿Cómo Predicar?, y el segundo, "La predicación: atractivo, don y carisma" que es una reflexión sacada del Libro Guy Bedouelle, La fuerza de la Palabra.

Aunque Manuel Eloy e Isabel, serán los encargados de hacernos la síntesis del estas páginas,  ofrecemos una síntesis de ambas, para que nuestros trabajos se vean reflejados y compartidos en este blog, y así, poder acudir cuando lo necesitemos, cuando naveguemos por la red.

La síntesis que ofrecemos de ¿Cómo Predicar? es la siguiente:






 
El tema se centra en cinco cuestiones fundamentalmente: ¿Qué es la Palabra de Dios? ¿Qué ayuda a predicar al predicador? ¿Cómo es el predicador? ¿Qué queremos predicar? ¿Cómo hay que predicar?

  1. ¿Qué dice la Palabra de Dios?
A la luz de San Pablo, en su carta a los Romanos (10, 14-15) le preocupa varias cuestiones:
  •  ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído?
  • ¿cómo creerán a aquel a quien no han oído?
  • ¿cómo oirán sin que se les predique?
  • ¡cómo predicarán si no son enviados?
Cuestiones lógicas y necesarias para plantear a la Iglesia, y a nosotros mismos, si como seglares, no nos sentimos responsables de la palabra escuchada en nuestros encuentros, y en las predicaciones de las que hemos sido testigos, y sobre todo con la lectura, estudio y meditación de la palabra de Dios.

´Humberto de Romanis estima que el misterio de la predicación de modo especial es querido por el Señor, y lo deduce de las palabras de San Marcos, en su evangelio (16, 15): "Id al mundo entero y predicar el Evangelio".

 2. ¿Qué ayuda a predicar al Predicador?
  •  La búsqueda de la tranquilidad. Los nervios, la mente que se ofusca no puede predicar.
  • Apropiarse de todo lo que en las ciencias seculares se ve que es útil para la edificación de los oyentes.
  • Confirmar lo que se dice por el testimonio de la Sagrada Escritura.
  • Orar por lo que va a decir. La oración hace más eficaz la predicación.
  • El pedir oraciones a otras personas.
  • Conviene que alguna vez el predicador descanse de su oficio, para que recuperada las fuerzas, pueda volver a él con empeño.
  • Para este descanso es saludable que se ocupe de leer, estudiar, meditar que luego servirán para la predicación.
  • Cuidarse del pecado: reconciliarse.
  • La autoevaluación: el buen predicador debe volver a sí mismo después de hablar a los otros, como el peregrino remienda sus sandalias para continuar mejor su camino.
  • La santidad: San Gregorio explica sobre la santidad que "más vale para predicar la constancia del amor santo que la mucha práctica en el hablar".
  • Saber callarse ayuda a predicar.


   3. ¿Cómo es el predicador?
  • No sólo con la voz, sino con todo su ser.
  • Perseverando en su tarea.
  • Muestre fervor en su oficio
  • Que siempre diga la verdad
  • Que modere tu tono al hablar: no sea que por su rudeza llegue a ofender.
  4. ¿Qué queremos predicar?
  • El predicador primero ha de ocuparse sobre lo que va a decir, para que sea útil.
  • Lo útil ha de prepararlo con moderación: no hay que ofrecerlo todo al mismo tiempo. Sólo lo mejor y con moderación.
  • Que lo que diga, llegue a persuadir con eficacia, para que se asimile mejor aquello que alimenta.

 5. ¿Cómo hay que predicar?

  • Predicar poco y mucho son dos extremos que hay que evitar. La predicación si es escasa no es suficiente y si  es demasiada poco se le aprecia.
  • Una familiar conversación es más eficaz que un sermón general. Por dos cuestiones: la conversación implica al oyente en cuestiones que le atañen más de cerca. Las palabras de una conversación, por otro lado, penetran con mayor facilidad.
  • Cuando toque decir alguna cosa sobre Dios, no hay que decir cualquier cosa en cualquier parte, sino sólo lo principal: lo que resulte claro para ser entendidos, amable para ser oídos con gusto, y útil para ser también oportunos.
  • Hay que hablar de los pecados de la gente, pero también hay que hablar de las cosas buenas que Dios les ha dado. De los primeros hay que hablar con compasión, de los dones ofrecidos por Dios, hablemos con gratitud.
  • La predicación laudable consiste en esto: en que se prefiera predicar donde hay mayor necesidad: "No necesitan médico los sanos, sino los enfermos (Mt 9,12).
  • La predicación valiente, también es laudable, allí donde crece la maldad la predicación hay que fortalecerla.
 6. Conlusión:
La mayor prueba de que alguien lleva verdaderamente a Dios en su corazón, es que habla a menudo de Él y con gusto.

(HUMBERTO DE ROMANIS, LA FORMACIÓN DE LOS PREDICADORES, Biblioteca Dominicana, nº 19, Santafé, Bogotá, 1991).

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